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lunes, 13 de octubre de 2008

EN LA PLAYA

Es un día de finales de Agosto y aquí estoy, en la playa de Altafulla, sentado bajo la sombrilla a pesar que hoy nubarrones grises no dejan pasar el sol; aún así hace calor, si bien es soportable gracias a la brisa del mar.

No tengo lectura; ya he leído los cuatro libros que me propuse leer este verano y miro el mar; hay "mar de fondo" y las olas, una tras otra, sin pausa, rompen contra la arena de la playa, adornándola con una cinta de espuma blanca. Hay pocos bañistas; está izada la bandera roja que desaconseja el baño; algunos desafían el anunciado peligro y se atreven a jugar con las olas; quizás luego lo haga yo; en la orilla, claro: tengo un gran respeto al mar.

El sol tiene ganas de aparecer, pero se vuelve a esconder; quizás no le guste que el mar esté tan enfadado.

Dos niños de corta edad intentan hacer un hoyo en la arena, pero de pronto una ola acaba con su esfuerzo; lo vuelven a intentar y parece que lo van consiguien- do; Arnau, así parece que se llama uno de ellos, con una graciosa cara de pillín, está enfrascado en su trabajo.

Aún no han aparecido los seis u ocho individuos que, cada día a primera hora, instalan sus sillas "en batería" en primera línea de mar; siento decirlo, pero no me caen bien, en especial uno de ellos con pinta de "enteraillo", que habla y habla sin parar desconcentrándome de la lectura. Tampoco veo a la "cotorra" de la playa. Procuro situarme alejado de esta gente porque rompen la tranquilidad que se vive en esta playa. ¡ Vaya ! Ahora llegan; ya me extrañaba que no hicieran hoy acto de presencia.
Decido ir al agua; voy a bailar un poco saltando al ritmo de las olas. Tranquilos, lo haré con cuidado.