Hace algunas semanas que llegó la primavera; y se nota. Quienes tenéis la suerte de vivir en ciudades pequeñas o pueblecitos, tenéis la suerte de poder ver la primavera; de poder oler la primavera; de poder oir la primavera, de poder tocar la primavera, incluso de poder saborear la primavera. ¡Qué gozada! La podéis apreciar con los cinco sentidos.Los que vivimos en las grandes ciudades, no tenemos tanta suerte. Aún así, algo notamos; aunque sólo sea observar cómo cientos de árboles, vuelven a la vida, desafiando un año tras otro a sus despiadados enemigos como el humo de los coches o la falta de agua.
Este año, tengo la gran suerte de tener un pequeño "gran" amigo, negro. Él no sabe que yo existo, pero cada mañana, vestido con su levita negra, viene a recordarme con sus trinos que se siente feliz porque estamos en primavera. Me encanta escucharlo desde mi despacho; a veces miro por la ventana y lo veo majestuoso posado en la rama del árbol; quizás sabe que le admiro y por eso viene a ofrecerme su saludo musical cada mañana.
Gracias, amigo Mirlo; y lo escribo con mayúscula porque eres mi Mirlo.






